jueves, 23 de julio de 2015

DIARIO DE TOMÁS

Hola a todos.
Aquí os traigo una anotación de lo que sería el diario de Tomás.
Veremos lo que piensa y lo que siente nuestro doctor Quesada.

                                   He visitado el caserón a primera hora de la mañana, cuando estaba empezando a amanecer.
-¿Cómo ha pasado la noche la señorita Teresa?-le pregunto al mayordomo que me abre la puerta.
-Ha pasado la noche inquieta-responde éste-Le han dado unas décimas de fiebre. Doña Alberta y la señorita Carolina han estado toda la noche turnándose para cuidarla. Ahora mismo, doña Alberta está con la señorita Teresa.
-Voy a verla.
-La señorita Carolina está durmiendo. Doña Alberta la mandó a acostarse hace un rato.
                            La puerta de la habitación de Carolina estaba entreabierta cuando pasé. No sé porqué me he detenido.
                           Tuve la sensación de estar delante de un ser venido de otro mundo. Un ángel...
                           No he conocido nunca a nadie como Carolina, una joven tan dulce y tan hermosa. Sus ojos estaban cerrados. Pero yo podía adivinar el brillo apagado de aquellos ojos verdes. Su cabello de color rubio se extendía sobre la almohada e, iluminado por el Sol, parecía emitir destellos dorados. Me sobrecogí.
                            No sé porqué entré en esa habitación. Su cuerpo estaba tapado por las mantas. Iba vestida con un camisón de color blanco que no disimulaba su figura delgada. Una figura delgada, aunque bien proporcionada. Pensé que podía pasarme todo el día contemplando a Carolina. Y me sentí incómodo.
                           He ido a esa casa a visitar a una paciente. No he ido a contemplar cómo duerme la prima de mi paciente.
                           Me resisto a abandonar la habitación. Camino hacia atrás, sin apartar la vista de la figura de Carolina. Pienso que, si se despierta y me ve en su alcoba, podría asustarse. Podría pensar lo peor de mí.
                           No me resisto a irme sin besarla en una mejilla. Sin besarla suavemente en los labios.
                           Beso su mejilla. Beso también sus labios.
                           Y me marcho.
                           En el pasillo, me topo con doña Alberta. La mujer no tiene ni idea de que he estado admirando la figura dormida de su hija.
-¡Menos mal que está aquí, doctor Quesada!-exclama al verme-Tere se acaba de despertar. No ha dormido en toda la noche.
-¿La estoy oyendo gritar?-le pregunto.
-Mandé a Caro a descansar un rato. Luego, Tere se despertó y trató de levantarse de la cama. No he querido avisar a mi hija. Lleva muchas noches sin conciliar el sueño y, si sigue así, acabará enfermando. Jaime y un criado han levantado a Tere del suelo. ¡Mi pobre sobrina! ¿Qué clase de vida le espera?
-Cálmese y vayamos a ver lo que le ocurre a su sobrina, señora.
                         Intento no mirar en dirección a la habitación de Carolina.
                         Escucho los gritos que profiere Teresa. Está fuera de sí y lo único que quiere es volver a levantarse de la cama.
                         Don Jaime la tiene abrazada, en un intento por consolarla.
                         Visitar a la joven Teresa me embarga de desazón. Es una joven cuya vida ha quedado destrozada.
-¿Qué está haciendo este inútil aquí?-me increpa en cuanto entro en la habitación.
                          Mi mayor deseo es poder ayudarla. Pero no sé cómo hacérselo entender cuando Teresa no quiere escuchar a nadie.
-He venido para ver cómo está usted-le contesto con tranquilidad.
-¿Acaso no ve cómo me encuentro?-me espeta Teresa.
-Gritando y faltando el respeto a la gente no va a conseguir nada.
-El doctor Quesada sólo quiere ayudarte-interviene don Jaime-Todos estamos muy preocupados por ti, querida.
-¡No puedo caminar, tío Jaime!
                          Los gritos de Teresa hacen que Carolina se despierte. Entra en la habitación de su prima. Un grito se escapa de mi garganta cuando contemplo a ese maravilloso ser de apariencia angelical. ¿Estoy viendo a una mujer de verdad o estoy en presencia de un verdadero ángel?
                           Camina descalza. Entra como ida en la habitación de su prima, quizás porque está atontada. Teresa la ha despertado. Lleva suelto su cabello y caía como un manto sobre su espalda.
                         Aún así, soy incapaz de apartar mi mirada de aquella bella criatura.

jueves, 9 de julio de 2015

DIARIO DE CAROLINA

Hola a todos.
Aquí os traigo una nueva anotación del diario de Carolina.
Sigamos viendo cómo es su día a día.

-¿Has visto, Caro?-me pregunta Teresa-Los barcos navegan. Se pierden en el horizonte. ¿Puedes ver las barcas de los pescadores?
-Están faenando en alta mar-le respondo.
                            Una criada ha colocado una silla junto a la ventana. Teresa se ha despertado de buen humor.
                            Es mi padre quién ha querido sentarla en la silla. Un chal de lana cubre sus hombros.
                            Teresa parece estar más animada que nunca. Creo que tiene que ver con el hecho de que ha salido el Sol. Los rayos solares le dan de lleno en la cara. Parecen iluminar su rostro. Le confieren un brillo especial a sus ojos.
                           Quiero que la Teresa que estoy viendo hoy se quede con nosotros. Que siga sonriendo.
-¡Sería tan bonito poder dar un paseo en barca!-exclama mi prima-Sólo he montado una vez en barca. Cuando llegué a Tambo. ¿Te acuerdas?
-Yo estaba triste porque había perdido a Martín, mi hermano-contesto-Casi no me acuerdo de él. Pero Dios me envió otra hermana.
                          Me gustaría poder hablar con Teresa de Tomás. Muchas veces, me siento tentada a contárselo. Intento abrir la boca. Pero las palabras no suben por mi garganta.
                           Teresa me mira. La sonrisa que esboza es más bien alegre. Ya ni me acuerdo de la última vez que mi prima sonrió de ese modo. Por ese motivo, no me atrevo a hablar de Tomás.
                           Soy una cobarde.
                           Llevo el sabor de la piel de Tomás en mis labios grabada a fuego tras la noche anterior.
                          Y no soy capaz de hablar de él.

miércoles, 8 de julio de 2015

DIARIO DE CAROLINA

Hola a todos.
Aquí os traigo una nueva anotación del diario de Carolina.
Ha pasado mucho tiempo desde que hice la última entrada en este blog. Por eso, he querido abrirlo de nuevo, para que le dé el aire.
¡Aunque sea el aire cálido del verano, je, je!
Veamos qué escribe Carolina en su diario.

                                   Es inútil intentar que Teresa beba un sorbo de su taza de leche caliente que le sirve la criada para el desayuno.
-¡No quiero tomar nada!-protesta.
-Señorita Teresa, no puede estar sin tomar nada-le exhorta la criada.
-¡Me quiero morir!
                              La taza de leche sale volando por los aires.
                              Mi madre y yo contemplamos la escena con dolorosa impotencia. Mi madre le ordena a la criada que recoja los trozos de porcelana rotos. Teresa rompe a llorar con amargura.
                              Acaricio con la mano el cabello revuelto de mi prima.
-Tú no sabes lo que es esto, Caro-se lamenta-No sabes lo que significa no poder volver a caminar nunca más.
                             La beso en la frente.
-Tienes razón-admito.
-No quiero vivir de este modo-afirma Teresa.
-Volverás a caminar algún día.
-¿Quién dice eso?
-El doctor Quesada...
-¡Maldito inútil! ¿Por qué no puede curarme?
                          Teresa intenta contener los sollozos que brotan del interior de su garganta.



-El doctor Quesada es un buen médico-interviene mi madre-Gracias a él, estás viva.
                         La criada se pone de rodillas en el suelo. Recoge con la mano los trozos de la taza de porcelana que Teresa ha roto. Una mancha de leche se extiende por el suelo. Intento no mirar hacia allí.
                         No quiero mirar tampoco a Teresa. No quiero que adivine lo que me pasa.
-¡Gracias a él, estoy postrada en esta cama!-escupe mi prima con rabia-¡Si tengo que moverme, he de hacerlo en una silla de ruedas! ¿Cómo puedes pensar que esto es vida, tía Alberta? ¡Esto es una muerte en vida!
                         Tengo una señal de mordisco que me dio Tomás anoche en uno de mis pechos.
                        Mis labios aún están hinchados por los besos que compartimos.
                        Teresa tiene razón. Está condenada a este martirio. Llevar una muerte en vida. No sé qué hacer.
                        Me siento terriblemente mal porque, a pesar de todo, cuando estoy con Tomás, me olvido de todo.

miércoles, 28 de enero de 2015

DIARIO DE CAROLINA

Hola a todos.
Aquí os traigo una nueva anotación del diario de Carolina.
¡Vamos a ver qué está pasando por su cabeza!

-Duele estar vivo-se lamenta Teresa.
                         Detesta los días de lluvia y hoy está lloviendo.
                         Antes, aborrecía los días de lluvia porque no podía salir a montar a caballo. Ahora, aborrece los días de lluvia porque le traen a la mente recuerdos muy dolorosos.
-¿Por qué no jugamos a las cartas?-le sugiere mi madre-Hace tiempo que no jugamos a las cartas. Eso te distraerá un poco, querida. ¿Qué te parece?
-No quiero jugar a nada, tía Alberta-contesta Teresa, quien está al borde del llanto-Déjame.
-No puedes quedarte ahí llorando-interviene mi padre-Una joven como tú tiene que estar distraída con algo. Podrías aprender a bordar.
-¡Sólo quiero morirme!-solloza Teresa.
                           Es muy duro para mí ver cómo mi prima se va consumiendo cada día que pasa poco a poco. Es muy duro intentar consolarla cuando ella no quiere ser consolada. Se ha derrumbado de tal modo que me parece imposible ayudarla a salir del pozo en el que está sumida.
-¡No puedes estar hablando en serio!-estallo-¡No te reconozco, Tere! ¡Tú no puedes decir esas cosas! ¿Dónde está la Tere que conozco? ¿Dónde está mi prima fuerte y decidida?
                             No quiero gritarle a Teresa.
                             Pero no soporto verla tan hundida. No soporto sentir que soy incapaz de hacer algo por ayudarla.
-Carolina, cariño, estamos haciendo lo que podemos con Tere-me asegura mi madre.
                            Sé lo que quiere decir. Teresa es quien debe de poner de su parte. Quién ha de ser fuerte. Pero no logra ser fuerte. No puede.

                          

-Tú no puedes entenderlo, Caro-se lamenta Teresa-No puedes saber lo que yo siento.
                           Tiene razón. No sé lo que se siente al ser condenada a permanecer postrada para siempre en una silla de ruedas. No sé lo que se siente cuando una joven llena de energía y de vitalidad ve truncada su vida por un absurdo accidente. No puedo entender lo que siente Teresa cuando yo sí puedo caminar.  

sábado, 17 de enero de 2015

DIARIO DE CAROLINA

Hola a todos.
Aquí os traigo una nueva anotación del diario de Carolina.

                                       El castro viejo está sumido en la oscuridad cuando llego a él. Tomás me está esperando.
                                       A veces, me asalta la idea de que podría quedarme embarazada de Tomás.
                                      Sin embargo, me olvido de todo cuando estoy entre sus brazos.
                                       Los dos yacemos desnudos en el suelo, entre las ruinas de aquel lugar que una vez estuvo habitado. Donde hubieron parejas que se amaron una vez. Igual que nosotros...
                                       Los besos de Tomás...Sus abrazos...Su lengua recorriendo mi cuerpo. Sus labios posándose en distintas partes de mi piel. Sus caricias...Sus labios recorriendo mis senos...
                                       Todo esto es real. Lo estoy sintiendo.
                                       Me olvido de todo. Tomás se olvida de todo. Se olvida de la frustración que le inunda al no poder hacer nada para curar a Teresa. Yo me olvido de la visión de mi prima en una silla de ruedas postrada. Me olvido de su dolor. Soy una egoísta por pensar en mí. Odio a Tomás por ser tan egoísta. No sé qué sentir. Tan sólo estoy con Tomás. Con él...Y eso es lo único que me importa.
                                   Siento su cuerpo invadir mi cuerpo.
                                   Le siento encima de mí. Le siento dentro de mí. Fusionándose conmigo. Abrazándome con fuerza.
                                   ¿De verdad son tan brillantes las estrellas que brillan en lo alto del cielo?
                                    El propio Tomás me lo dice.
                                    Me recuerda de un modo sutil que lo que hacemos puede traer consecuencias. Soy consciente de que podría quedarme embarazada. ¿Y qué pasará entonces?
                                Si descubro algún día que voy a ser madre, tendré que contarle a mis padres toda la verdad. Tendré que sincerarme con Teresa y hablarle de mi relación con Tomás. Pero la regla hace acto de presencia de forma puntual, como cada mes.
                                 Hace unas mañanas, vi mis calzones manchados con la sangre de mi menstruación. Y sentí los habituales dolores que la regla trae consigo. No estoy esperando un hijo de Tomás.
                                 Para mí es muy duro tener que despedirme de él con un beso. Pero sé que volveremos a vernos a la noche siguiente. Da igual el sitio.

viernes, 16 de enero de 2015

DIARIO DE CAROLINA

Hola a todos.
Aquí os traigo una de las anotaciones del diario de Carolina.
Esta parte no está incluida en la novela, pero es bueno conocer lo que piensa Carolina. Saber más sobre ella.

-¿No te parece un disparate que estemos aquí?-le pregunté a Teresa esta tarde.
-Tenía que regresar, Caro-respondió mi prima.
-Lo único que vas a conseguir es hacerte más daño.
-Nada puede hacerme daño en estos momentos. Lo único que quiero es desaparecer de la faz de La Tierra.
-¡Por el amor de Dios, Tere! ¡No digas más disparates! Me asusta oírte hablar así.
-¿Y qué quieres que diga? El accidente me mató. Acabó con mi espíritu. Mis piernas están muertas. Nunca más volveré a caminar.
                            A petición de Teresa, hemos ido a pasear al bosque de eucaliptos. No me gusta estar aquí con ella. Teresa recuerda con demasiada nitidez el accidente. Quiere buscar el lugar donde el caballo la tiró al suelo. Yo me negué en redondo. No quiero que Teresa sufra. Y está sufriendo demasiado la pobre.
                             Las blancas y suaves mejillas de Teresa están hundidas. El cuerpo esbelto de mi prima ha cambiado. Ha perdido mucho peso.
                             Está cada día que pasa más y más delgada. He oído a las criadas decir que mi prima parece un esqueleto. Y aprieto los puños.
                            Intento recordar a la Teresa que una vez fue. Pero sólo queda esta joven desgraciada y que no termina de asumir lo ocurrido.
                             Intenté no echarme a llorar delante de Teresa.
                             Le di un fuerte abrazo al inclinarme sobre ella. La besé en las dos mejillas. Le acaricié con la mano su cabello suelto.



-Volvamos a casa-le sugerí-Mi padre enviará a uno de los criados a buscarnos.
-Tienes razón-suspiró Teresa.
-No es bueno que estemos aquí solas las dos.
-Debí de haberte escuchado aquella tarde.
                        Me siento culpable.
                        Porque Teresa no sabe que Tomás y yo nos besamos a escondidas. No sabe nada de los abrazos furtivos que nos damos. No sabe nada acerca de las caricias que he recibido de él.
                         Teresa me coge la mano y me la oprimió con cariño.
-Gracias por ser tan buena conmigo-me dijo con tristeza y con dulzura a la vez.
                         No sabe que he yacido ya varias veces en brazos de Tomás. Del médico que la atiende. Me siento culpable porque Teresa no sabe nada.

sábado, 10 de enero de 2015

UNA TRAGEDIA

Hola a todos.
Y aquí os traigo la cuarta y última parte de mi relato Una tragedia. 
Es bueno empezar el año terminando todo aquello que se ha terminado. Y quiero seguir terminando historias que merecen la pena que tengan un final.

                                  Elena, pensó Fernando mientras las lágrimas surcaban sus mejillas. Elena...
                                  Recordaba el primer beso que le dio. Le robó un beso en el viejo castro.
                                  La primera vez que la hizo suya.
                                  Cuando se adentraban en el bosque de eucaliptos donde podían amarse libremente y donde Fernando podía recorrer con la lengua cada centímetro de la piel de Elena. Donde ella se sentía libre de llenar el cuerpo de su amado de besos. Donde eran felices.
                                 Se aferró con desesperación a la mano de Elena, que estaba ya fría. Sus ojos recorrieron la cara de ella. Parecía que estaba dormida, con los ojos y la boca cerrados. ¿Cuándo supiste que ibas a tener un hijo mío?, le preguntó en silencio.
                              No lo sabía.
                              Se inclinó y sus labios se apoderaron con desesperación de los labios carnosos y fríos de Elena.
                              La besó muchas veces en la boca. Pero Elena ya no le devolvía los besos, tal y como hacía cuando se besaban en la Fuente de San Miguel. La certeza de que no volvería a besar nunca más a Elena le golpeó con dureza.
                            ¿Por qué has tenido que morir?, pensó Fernando con desolación.
                            Fue la madrina de Elena quién obligó al desconsolado duque a abandonar el sótano porque debía de amortajarla.
                           Aquella mujer había envejecido treinta años de golpe al pensar en que había perdido a Elena.
                            Todo el mundo lamentaba la pérdida de aquella joven que había llegado a sus vidas como un soplo de aire fresco. Fernando ya no veía nada y tenía la sensación de que ya no podía sentir nada. Ni siquiera podía sentir ya dolor.



                             Elena fue enterrada al día siguiente en el pequeño cementerio de Tambo junto a su madre.
                            Fernando abandonó la isla la misma tarde del entierro de su amada Elena.
                            La casona de doña Catalina quedó sumida en el silencio desde aquel día. Aurora y Arturo acabaron fugándose juntos.
                          Los vecinos contaron que se oía de vez en cuando algo parecido a un tarareo. Elena tenía la costumbre de cantar mientras fregaba los suelos de rodillas. Y se ve a Fernando mirarla a lo lejos con tristeza. Pero son sólo rumores.
                         Fernando nunca regresó a Tambo. Y los fantasmas no existen.
                         La gente habló durante mucho tiempo de ellos. De la trágica muerte de la joven Elena...Y de cómo el duque de Santa Comba quedó sumido en el dolor por la pérdida de su amada.

FIN