viernes, 8 de agosto de 2014

EL DIARIO DE TOMÁS

Hola a todos.
También los hombres solían llevar un diario en épocas pasadas.
El doctor Tomás Quesada no iba a ser una excepción.
En su diario, Tomás habla de Teresa, pero habla más que nada de Carolina.
Este fragmento de su supuesto diario no aparecerá en la novela.

                                   Me es imposible apartar la mirada de ese ángel que se llama Carolina. Lleva su rubio cabello recogido en una trenza. Sus rasgos son delicados. Y su sonrisa es dulce. Pero lo que más me cautivan son sus ojos de color verdes de mirada profunda. 
-¿Cómo está mi prima, doctor?-me pregunta. 
                                 Carolina siempre está con su prima Teresa en la habitación cuando voy a verla. Teresa no hace avance alguno. 
                                 La trenza de Carolina descansa sobre uno de sus hombros. Su mirada limpia está cargada de preocupación por su prima. 
                                Trato de no pensar en esa muchacha, dulce y bonita. Hay mucha fortaleza en su aparente fragilidad. Y su belleza va más allá del aspecto físico. 
-No está haciendo ningún progreso-me siento obligado a responder. 
                                Carolina no se echa a llorar. Tan sólo veo temblar de manera ligera sus labios. Intenta mantenerse fuerte delante de Teresa. Su prima me mira con odio. 
-¡Y usted no está haciendo nada para ayudarme!-me echa en cara Teresa. 
                                  Carolina no dice nada. No entiendo cómo puede pasar tantas noches en vela cuidando de Teresa. Las criadas me han comentado que Carolina no duerme muchas noches porque está velando el inquieto sueño de Teresa. 
                                Es Carolina la que me acompaña hasta el recibidor. De algún modo, trata de excusarse por el comportamiento de su prima. Yo le resto importancia porque entiendo que Teresa se sienta mal. Lo único que me inspira Teresa es una pena infinita porque no sé qué hacer para ayudarla. 
-Podría escribirle a mi mentor-le sugiero a Carolina. 
-¿Usted cree que daría resultado?-inquiere ella. 
-No lo sé. Pero no se pierde nada por intentarlo. 
-Es usted muy amable, doctor Quesada. 
                              Carolina me da un beso en la mejilla. 

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