domingo, 30 de agosto de 2015

DIARIO DE CAROLINA

Hola a todos.
Aquí os dejo una anotación del diario de Carolina.
Veamos qué pasa por la mente de nuestra protagonista.

                                    Esta tarde, por primera vez en mucho tiempo, me he quedado mirando mi imagen reflejada en el espejo del tocador de mi habitación.
                                    Llevo mi cabello rubio recogido en un moño. El vestido que llevo puesto está limpio. Y, sin embargo, he sentido que la persona que estaba reflejada en el cristal de ese espejo no era yo. Era otra persona.
                                    ¿Cuándo me he puesto tan pálida? Tengo la sensación de ser (¡que la Virgen del Carmen me libre!) miembro de la Santa Compaña.
                                     Recuerdo que yo sonreía mucho antes. Ya no recuerdo la última vez que sonreí.
                                     ¿Desde cuándo me he convertido en esa mujer de gesto serio que estoy viendo reflejada en el espejo? ¡Yo no soy así!
                                     Me siento muy sola. Me digo a mí misma que no debo de ser egoísta. Debo de pensar que Teresa está pasando por un verdadero Infierno. Después de todo, yo sí puedo caminar y quiero ir a visitar la tumba de Martín. En estos momentos, es cuando más echo en falta al hermano que apenas conocí.
                                     Llevo puesto un vestido de color negro. Me cubro con un velo espeso del mismo color la cara.
                                    Me dirijo al cementerio. No hay casi nadie en el pequeño cementerio de la isla.
                                    Contemplo la tumba donde Martín está enterrado. Siento un nudo en la garganta.
                                    Mis padres me han contado que le encantaba cogerme en brazos y sacarme a pasear.
                                    Me llevaba con él a la playa. Nos metíamos en el bosque de eucaliptos. ¿Dónde estás ahora, Martín? Quiero ir contigo otra vez a la Fuente de San Miguel. Llamarte. Pero te llamo. Y tú no acudes a mi encuentro. ¿Por qué tuviste que morir, Martín?
                                  Caigo de rodillas ante la tumba de mi hermano, sin querer mirar la lápida de mármol que recuerda su breve paso por este mundo. Me doy cuenta de que estoy llorando.



-¡Te echo tanto de menos!-sollozo-Me digo a mí misma que debo de ser fuerte por nuestra prima Tere. ¡Tú, que estás arriba, cuida de ella! Eres un ángel, Martín. ¡No la dejes sola! Intercede ante Dios y ante la Virgen del Carmen por Tere. ¡Que pueda volver a caminar! ¡No soporto ver cómo se consume de dolor y de rabia día tras día, hermano!

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