miércoles, 8 de julio de 2015

DIARIO DE CAROLINA

Hola a todos.
Aquí os traigo una nueva anotación del diario de Carolina.
Ha pasado mucho tiempo desde que hice la última entrada en este blog. Por eso, he querido abrirlo de nuevo, para que le dé el aire.
¡Aunque sea el aire cálido del verano, je, je!
Veamos qué escribe Carolina en su diario.

                                   Es inútil intentar que Teresa beba un sorbo de su taza de leche caliente que le sirve la criada para el desayuno.
-¡No quiero tomar nada!-protesta.
-Señorita Teresa, no puede estar sin tomar nada-le exhorta la criada.
-¡Me quiero morir!
                              La taza de leche sale volando por los aires.
                              Mi madre y yo contemplamos la escena con dolorosa impotencia. Mi madre le ordena a la criada que recoja los trozos de porcelana rotos. Teresa rompe a llorar con amargura.
                              Acaricio con la mano el cabello revuelto de mi prima.
-Tú no sabes lo que es esto, Caro-se lamenta-No sabes lo que significa no poder volver a caminar nunca más.
                             La beso en la frente.
-Tienes razón-admito.
-No quiero vivir de este modo-afirma Teresa.
-Volverás a caminar algún día.
-¿Quién dice eso?
-El doctor Quesada...
-¡Maldito inútil! ¿Por qué no puede curarme?
                          Teresa intenta contener los sollozos que brotan del interior de su garganta.



-El doctor Quesada es un buen médico-interviene mi madre-Gracias a él, estás viva.
                         La criada se pone de rodillas en el suelo. Recoge con la mano los trozos de la taza de porcelana que Teresa ha roto. Una mancha de leche se extiende por el suelo. Intento no mirar hacia allí.
                         No quiero mirar tampoco a Teresa. No quiero que adivine lo que me pasa.
-¡Gracias a él, estoy postrada en esta cama!-escupe mi prima con rabia-¡Si tengo que moverme, he de hacerlo en una silla de ruedas! ¿Cómo puedes pensar que esto es vida, tía Alberta? ¡Esto es una muerte en vida!
                         Tengo una señal de mordisco que me dio Tomás anoche en uno de mis pechos.
                        Mis labios aún están hinchados por los besos que compartimos.
                        Teresa tiene razón. Está condenada a este martirio. Llevar una muerte en vida. No sé qué hacer.
                        Me siento terriblemente mal porque, a pesar de todo, cuando estoy con Tomás, me olvido de todo.

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