viernes, 16 de enero de 2015

DIARIO DE CAROLINA

Hola a todos.
Aquí os traigo una de las anotaciones del diario de Carolina.
Esta parte no está incluida en la novela, pero es bueno conocer lo que piensa Carolina. Saber más sobre ella.

-¿No te parece un disparate que estemos aquí?-le pregunté a Teresa esta tarde.
-Tenía que regresar, Caro-respondió mi prima.
-Lo único que vas a conseguir es hacerte más daño.
-Nada puede hacerme daño en estos momentos. Lo único que quiero es desaparecer de la faz de La Tierra.
-¡Por el amor de Dios, Tere! ¡No digas más disparates! Me asusta oírte hablar así.
-¿Y qué quieres que diga? El accidente me mató. Acabó con mi espíritu. Mis piernas están muertas. Nunca más volveré a caminar.
                            A petición de Teresa, hemos ido a pasear al bosque de eucaliptos. No me gusta estar aquí con ella. Teresa recuerda con demasiada nitidez el accidente. Quiere buscar el lugar donde el caballo la tiró al suelo. Yo me negué en redondo. No quiero que Teresa sufra. Y está sufriendo demasiado la pobre.
                             Las blancas y suaves mejillas de Teresa están hundidas. El cuerpo esbelto de mi prima ha cambiado. Ha perdido mucho peso.
                             Está cada día que pasa más y más delgada. He oído a las criadas decir que mi prima parece un esqueleto. Y aprieto los puños.
                            Intento recordar a la Teresa que una vez fue. Pero sólo queda esta joven desgraciada y que no termina de asumir lo ocurrido.
                             Intenté no echarme a llorar delante de Teresa.
                             Le di un fuerte abrazo al inclinarme sobre ella. La besé en las dos mejillas. Le acaricié con la mano su cabello suelto.



-Volvamos a casa-le sugerí-Mi padre enviará a uno de los criados a buscarnos.
-Tienes razón-suspiró Teresa.
-No es bueno que estemos aquí solas las dos.
-Debí de haberte escuchado aquella tarde.
                        Me siento culpable.
                        Porque Teresa no sabe que Tomás y yo nos besamos a escondidas. No sabe nada de los abrazos furtivos que nos damos. No sabe nada acerca de las caricias que he recibido de él.
                         Teresa me coge la mano y me la oprimió con cariño.
-Gracias por ser tan buena conmigo-me dijo con tristeza y con dulzura a la vez.
                         No sabe que he yacido ya varias veces en brazos de Tomás. Del médico que la atiende. Me siento culpable porque Teresa no sabe nada.

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