jueves, 8 de enero de 2015

UNA TRAGEDIA

Hola a todos.
Aquí os traigo la segunda parte de mi relato Una tragedia. 
No es mi relato más alegre, como he dicho antes. Pero vale la pena ver todas las vertientes del amor. Incluso, la más triste de todas.

                                    Habían pasado unos meses desde que se celebró la fiesta.
                                   Los llantos inundaron la casona de doña Catalina. Fernando intentaba asimilar lo ocurrido. Elena, su adorada Elena, acababa de morir. La mujer que más había amado en el mundo ya no estaba.
                                  Bajó al sótano, donde Elena dormía junto con el resto de la servidumbre. El ambiente allí era triste.
                                 Los ojos de color gris de Fernando no podían ver por dónde pisaba. Doña Catalina también había bajado al sótano sólo para comprobar que Elena estaba muerta. Los sollozos de los sirvientes se escucharon en toda la isla. Había sangre seca en el camastro de Elena. Se decía que la joven había muerto desangrada tras sufrir un aborto.
                               Fernando encontró a su prima Aurora allí. Los ojos de la joven estaban llenos de lágrimas. Había llegado a encariñarse con aquella joven llamada Elena. Con aquella joven que parecía que sólo armaba bullicio. Eso le gustaba ya que hacía enfadar a su madre. Aurora ya había tomado su propio camino.
                             Sin disimulos, Arturo, el contable de doña Catalina, se acercó a Aurora. Toda la isla sabía que ambos eran amantes.
                            Arturo abrazó con fuerza a Aurora.
                           La mirada de Fernando se detuvo en ellos durante unos instantes. No era el momento de regañar a Aurora, ya que buscaba, en apariencia, consuelo. Se acercó al camastro donde dormía Elena desde siempre. Había nacido en aquel sótano dieciocho años antes. Era un lugar frío y húmedo.
                         La madrina de Elena había cruzado las manos de la joven sobre el pecho. Fernando sintió cómo sus piernas flaqueaban y cayó de rodillas ante el camastro. En aquel momento, sólo era consciente de que Elena estaba muerta. No se oía nada en el sótano, excepto el sonido de los llantos. La madrina de Elena no tenía consuelo. Ya había perdido a su mejor amiga, la madre de la joven cuyo cadáver yacía en aquel camastro, que había sido como su hermana. Estaba sola.
                         Fernando llenó de besos suaves el rostro de Elena.
                         Arturo besó repetidas veces a Aurora en la frente.
                         Apenas unas noches antes, Arturo y Aurora se convirtieron en amantes.
                        Arturo se coló en la alcoba de Aurora.
                         La condujo hasta el lecho donde dormía.
                         No podían parar de besarse con pasión. Y Aurora se dejó llevar cuando Arturo la besó en el cuello.
                        Se amaban desde hacía mucho tiempo.
                       Aurora se apartó de Arturo.
                        Se acercó a Fernando y le dio un beso en la mejilla.
                       Quiso decirle cuánto lo sentía, pero las palabras quedaron atoradas en su garganta. Fernando intuía la cercanía de su prima. Por lo menos, alguien sabía lo que él estaba sintiendo en aquellos momentos.
                       Arturo se acercó a Aurora y la besó con suavidad en los labios.
                      La hizo salir del sótano. Tenía la sensación de que la joven iba a desmayarse de un momento a otro ante la visión de la sangre que manchaba el camisón de Elena. Y alguien había retirado una especie de extraño bulto que había salido del interior de la joven que acababa de morir y que estaba atado a ella. Un bulto amoratado y ensangrentado que no había logrado desarrollarse lo suficiente como para vivir de manera independiente de ella. Un bebé...Un niño sin vida...



                            Arturo llenó de besos el rostro de Aurora mientras la sacaba del sótano.

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